Javier Eder

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Otras maneras de nombrar el mundo

15 del 4 de 2014 por eder

Otras maneras de llamar a las cosas por su nombre:

 

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En el dolor de los demás

12 del 4 de 2014 por eder

Cuando el antiguo tiempo devaste a esta generación,
tú habrás de permanecer ante dolores diferentes
a los nuestros, amiga de los mortales a los que dirás:
«La belleza es verdad, la verdad belleza… Es todo
lo que sabemos sobre la tierra y cuanto necesitamos saber».

 

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When old age shall this generation waste,  
Thou shalt remain, in midst of other woe  
Than ours, a friend to man, to whom thou say'st,  
'Beauty is truth, truth beauty,—that is all  
Ye know on earth, and all ye need to know.'

 

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A pie

12 del 4 de 2014 por eder

Camino de Albania…

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El dedo sobre el mapa

30 del 3 de 2014 por eder

Tras las huellas de Nicolas Bouvier:

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Godard vs. Lindsay-Hogg

24 del 3 de 2014 por eder

Nueva York, 7 de diciembre de 1968:

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Londres, 30 de enero de 1969:

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Un lector (por Jorge Luis Borges)

23 del 3 de 2014 por eder

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Que otros se jacten de las páginas que han escrito;
a mí me enorgullecen las que he leído.
No habré sido un filólogo,
no habré inquirido las declinaciones, los modos, la laboriosa mutación de las letras,
la de que se endurece en te,
la equivalencia de la ge y de la ka,
pero a lo largo de mis años he profesado
la pasión del lenguaje.
Mis noches están llenas de Virgilio;
haber sabido y haber olvidado el latín
es una posesión, porque el olvido
es una de las formas de la memoria, su vago sótano,
la otra cara secreta de la moneda.
Cuando en mis ojos se borraron
las vanas apariencias queridas,
los rostros y la página,
me di al estudio del lenguaje de hierro
que usaron mis mayores para cantar
espadas y soledades,
y ahora, a través de siete siglos,
desde la Última Thule,
tu voz me llega, Snorri Sturluson.
El joven, ante el libro, se impone una disciplina precisa
y lo hace en pos de un conocimiento preciso;
a mis años, toda empresa es una aventura
que linda con la noche.
No acabaré de descifrar las antiguas lenguas del Norte,
no hundiré las manos ansiosas en el oro de Sigurd;
la tarea que emprendo es ilimitada
y ha de acompañarme hasta el fin,
no menos misteriosa que el universo
y que yo, el aprendiz.

J. L. Borges

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Mantegna según Olmi

23 del 3 de 2014 por eder

 

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Puede verse también:

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Berlanga resucitado

17 del 3 de 2014 por eder

Spanish national catholicism rides again:

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+ info: web del Gobierno de España:

 

 

 

Según paseaba una tarde

13 del 3 de 2014 por eder

Dylan Thomas lee a Auden:

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«Mientras paseaba una tarde, andando Bristol Street abajo, las multitudes que cubrían el pavimento eran campos de trigo preparados para la cosecha, y abajo, junto al crecido río, escuché cantar a un enamorado bajo una arcada de la vía férrea: El amor no tiene fin, te amaré, querida, te amaré hasta que China y Africa se unan, y el río salte sobre la montaña y los salmones canten por las calles, te amaré hasta que el océano esté plegado y colgado a secar y las siete estrellas corran graznando como gansos por el cielo, los años correrán como conejos, porque en mis brazos sostengo la flor de las eras y el primer amor del mundo. Pero todos los relojes de la ciudad comenzaron a vibrar y a sonar, ¡Oh! No permitáis que el tiempo os engañe, el tiempo no puede conquistarse, en las madrigueras de la pesadilla dónde desnuda está la justicia, el tiempo vigila desde las sombras y tose cuando queréis besaros, a base de dolores de cabeza vagamente la vida se nos escurre y el tiempo hará su capricho mañana u hoy, en muchos valles verdes se introduce la terrible nieve, el tiempo rompe las hilvanadas danzas y el brillante arco iris del somormujo. ¡Oh! Hundid vuestras manos en agua, hundidlas hasta la muñeca, fijad, fijad la mirada en la palangana y preguntaros qué os habéis perdido, el glaciar golpea en el armario, el desierto suspira en la cama y la grieta de la taza de té abre un camino hasta la tierra de los muertos (…) ¡Oh! Poneos, poneos junto a la ventana mientras abrasan las lágrimas y comienzan a fluir, amaréis a vuestro retorcido vecino con vuestro retorcido corazón, era tarde, tarde anochecida, los amantes habían partido, los relojes habían dejado de sonar, y el profundo río seguía fluyendo.»

W. H. Auden

 

 

As I walked out one evening,
   Walking down Bristol Street,
The crowds upon the pavement
   Were fields of harvest wheat.

And down by the brimming river
   I heard a lover sing
Under an arch of the railway:
   'Love has no ending.

'I'll love you, dear, I'll love you
   Till China and Africa meet,
And the river jumps over the mountain
   And the salmon sing in the street,

'I'll love you till the ocean
   Is folded and hung up to dry
And the seven stars go squawking
   Like geese about the sky.

'The years shall run like rabbits,
   For in my arms I hold
The Flower of the Ages,
   And the first love of the world.'

But all the clocks in the city
   Began to whirr and chime:
'O let not Time deceive you,
   You cannot conquer Time.

'In the burrows of the Nightmare
   Where Justice naked is,
Time watches from the shadow
   And coughs when you would kiss.

'In headaches and in worry
   Vaguely life leaks away,
And Time will have his fancy
   To-morrow or to-day.

'Into many a green valley
   Drifts the appalling snow;
Time breaks the threaded dances
   And the diver's brilliant bow.

'O plunge your hands in water,
   Plunge them in up to the wrist;
Stare, stare in the basin
   And wonder what you've missed.

'The glacier knocks in the cupboard,
   The desert sighs in the bed,
And the crack in the tea-cup opens
   A lane to the land of the dead.

'Where the beggars raffle the banknotes
   And the Giant is enchanting to Jack,
And the Lily-white Boy is a Roarer,
   And Jill goes down on her back.

'O look, look in the mirror,
   O look in your distress:
Life remains a blessing
   Although you cannot bless.

'O stand, stand at the window
   As the tears scald and start;
You shall love your crooked neighbour
   With your crooked heart.'

It was late, late in the evening,
   The lovers they were gone;
The clocks had ceased their chiming,
   And the deep river ran on.

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What’s up?

12 del 3 de 2014 por eder

Llamadme a este smartphone:

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Penalidades de los filisteos

11 del 3 de 2014 por eder

La cólera del Dios de Israel:

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Varda & Resnais hacia 1953

8 del 3 de 2014 por eder

 

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Necrofilia

6 del 3 de 2014 por eder

Necrofilia española:

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Resnais y Marker hacia 1954

2 del 3 de 2014 por eder

 

Les Statues meurent aussi:

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Chris Marker en Siberia (por André Bazin)

27 del 2 de 2014 por eder

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Chris Marker es, tal vez se recuerde, el autor de los textos de Bibliothèque NationaleLes Statues meurent aussi (que el público solo ha podido ver hasta el momento a medias, pues ha sido cortada por la censura). Estos textos incisivos, contundentes, en los que una afilada ironía juega al escondite con la poesía, bastarían para conferir a su autor un lugar destacado en el ámbito de la producción de cortometrajes, el sector más vivo del cine francés. Como autor de los textos de los films de su amigo Resnais, con quien se entiende de maravilla, Chris Marker ya había renovado profundamente la relación habitual del texto con la imagen. Pero su ambición era a todas luces más radical: se proponía realizar sus propias películas.
Primero fue Dimanche à Pekín, justamente premiada en el Festival de Tours de 1956, y ahora es la extraordinaria Lettre de Sibérie (1957). Dimanche à Pekín era sin duda admirable, aunque al mismo tiempo decepcionaba un tanto, ya que el formato del cortometraje parecía insuficiente para un tema tan amplio. También hay que reconocer que las imágenes, a menudo muy bellas, no ofrecían, sin embargo, material documental suficiente. Nos dejaban con ganas de más. Ahora bien, el germen de la dialéctica entre imagen y palabra, que Chris Marker iba a desarrollar en Lettre de Sibérie, ya estaba en ella. Dialéctica que esta vez se despliega con la duración de un largometraje y con todas sus consecuencias. ¿Cómo presentar Lettre de Sibérie? En primer lugar como lo que no es, constatando que no se parece en absoluto a ningún film de tipo (de «tema») documental de los que hasta ahora hemos visto. Pero ahora hay que intentar decir lo que es. Objetiva y llanamente, este film es el reportaje cinematográfico de un francés que tiene el privilegio de visitar Siberia con total libertad, siguiendo un itinerario de varios miles de kilómetros. A pesar de que ya se han visto, desde hace tres años, algunos reportajes filmados por viajeros franceses en Rusia, Lettre de Sibérie tampoco se parece a ninguno de ellos. Para intentar captar de forma más precisa su naturaleza, propondré esta definición aproximada: Lettre de Sibérie es un ensayo en forma de reportaje cinematográfico sobre la realidad siberiana del pasado y del presente. O aún mejor, adaptando la fórmula que Vigo aplicaba en À propos de Nice, «un punto de vista documentado», diré que es un ensayo documentado por el film.
La palabra que importa aquí es «ensayo», entendida en el mismo sentido que en literatura: un ensayo a la vez histórico y político, aunque escrito por un poeta. En efecto, generalmente, e incluso en el caso del documental «comprometido» o de tesis, la imagen, es decir, el elemento propiamente cinematográfico, constituye la materia prima del film. La orientación viene dada por la selección y el montaje, y el texto acaba de organizar el sentido conferido al documento. En el caso de Chris Marker, ocurre algo distinto. Diría que la materia prima es la inteligencia, la palabra, su expresión inmediata, y que la imagen no interviene más que en tercera posición, en relación con la inteligencia verbal. El proceso se ha invertido. Arriesgaré aún otra metáfora: Chris Marker aporta en sus films una concepción completamente nueva del montaje, que yo llamaría horizontal, en oposición al montaje tradicional que se realiza a lo largo de la película, centrado en la relación entre los planos. En el caso de Marker, la imagen no remite a lo que la precede o la sigue, sino que en cierta forma se relaciona totalmente con lo que se dice. Mejor aún, el elemento primordial es la belleza sonora, y es desde ella desde donde la mente debe saltar hacia la imagen. El montaje se hace oído al ojo. Debido a la falta de espacio, solo daré un ejemplo de ello, por otra parte el más logrado.

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Chris Marker nos presenta un documento significativo y a la vez bastante neutro: una calle de Yakoutsk. Vemos pasar por ella un autobús y a unos obreros trabajando en el arreglo de la calzada; por último un tipo de cara un tanto patibularia, en todo caso poco favorecido por la naturaleza, cruza por casualidad por delante de la cámara. Chris Marker decide entonces comentar estas imágenes, más bien anodinas, desde dos puntos de vista opuestos: primero el del simpatizante comunista, al término del cual ese peatón desconocido aparece como un «pintoresco representante de las regiones boreales», peatón que en la versión reaccionaria se transforma en «un inquietante asiático». Ya esta antítesis, por sí sola, puede considerarse un hallazgo brillante y digno de regocijo, aunque también pueda parecer una ocurrencia facilona: pero entonces el autor nos propone un tercer comentario, imparcial y minucioso, que describe objetivamente al pobre mongol como «un yakutio que padece estrabismo». En esta ocasión, estamos más allá de la astucia y la ironía, pues lo que Marker acaba de hacer es proporcionar una demostración implícita de que la objetividad es aún más falsa que los dos puntos de vista sectarios, es decir, que, al menos en lo que concierne a determinadas realidades, la imparcialidad es una ilusión. La operación a la que hemos asistido es precisamente dialéctica, pues ha consistido en emitir tres iluminaciones intelectuales distintas sobre una misma imagen y en recibir su eco.
Aún me queda por informar al lector, para completar la idea que puede hacerse de esta empresa sin precedentes, de que Chris Marker no se limita a usar documentales filmados in situ, sino que emplea todo el material fílmico útil a su objetivo: y no solo, naturalmente, documentos de carácter estático (grabados, fotos, etc.), sino también dibujos animados, sin dudar, por otra parte, en decir, a la manera de McLaren, las cosas más serias del modo más cómico (como en la secuencia de los mamuts). Solo hay un denominador común a todo este despliegue de recursos: la inteligencia. La inteligencia y el talento. Precisemos, para ser justos, que la fotografía es de Sacha Vierny, la música de Pierre Barbaud, y que el texto está excelentemente dicho por Georges Rouquier.

André Bazin, France-Observateur, 30 de octubre de 1958

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